CRÓNICAS DE ARMERÍA

NOE GUERRA PIMENTEL

CRONISTA MUNICIPAL DE ARMERÍA

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CURRICULUM

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Es nativo de Armería, Colima. Nació el 3 de agosto de 1965. Sus padres José Guerra Arrezola (+) y Fidelina Pimentel Rangel.

 

Es locutor certificado por la SEP para Radio y Televisión. Historiador. Periodista y Archivista. Consultor.

 

Es Docente en Arte por el Instituto Nacional de Bellas Artes-SEP, especializado en Artes Plásticas. Muestra de ello es uno de sus murales “Alegoría histórica de Armería”, pintura emblemática que desde 1997 plasmó en el cubo de la escalera de la sede del Ayuntamiento de Armería.

 

Comunicólogo (especializado en Ciencias de la Comunicación) por la Universidad de Colima y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

 

Diplomado en Periodismo, en Administración Pública y en Gobernabilidad y Políticas Públicas por la Universidad de Colima y el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP); y en Historia Regional por el Centro de Estudios Superiores e Investigación del AHMC.

 

Maestrante en Historia por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora de la ciudad de México (Instituto Mora).

 

Desde 1986 se ha desempeñado en los ámbitos federal (IMER, INEGI, CONASUPO y PGR), en el ámbito estatal, en varias secretarias y, en lo municipal, fue Secretario y Director general en dos administraciones consecutivas de 1985 a 2000 con los respectivos cuerpos edilicios del Ayuntamiento de Colima.

 

Dirigente reelecto de dos de las agrupaciones culturales más importantes del Estado, la de los cronistas oficiales y la de los historiadores; y miembro de la Asociación Colimense de Periodistas y Escritores (ACPE), de la Sociedad Defensora del Tesoro Artístico de México (SODETAM), Fundación Universidad Popular de Colima (FUNDACION UCOL), de la Junta de Gobierno de Gobierno del Archivo Histórico del Municipio de Colima (AHMC), sobresaliendo su condición de Representante Nacional (2012-2015) de los 32 archivos legislativos de la República Mexicana como parte de los 20 miembros del Consejo Nacional de Archivos (CONARCH) y el Archivo General de la Nación (AGN) y, desde su fundación en 2006 hasta el 2015, Presidente el Consejo Estatal de Archivos.

 

Ha publicado el capítulo Armería (Monografía municipal) de la ENCICLOPEDIA DE LOS MUNICIPIOS DE MÉXICO por la SEGOB y FRANCISCO VELASCO CURIEL, biografía por la Secretaría de Cultura. Tiene dos en imprenta: “Crónicas Encontradas” e “Historias del Porvenir” y actualmente trabaja “EXPERIENCIA COMPARTIDA”, un caso de éxito en la discapacidad. En Coautoría tiene una docena más sobre temas históricos.

 

De su trayectoria profesional en medios, concretamente Radio y Televisión, desde hace tres décadas ha trabajado para los sectores público y privado, además de empresas productoras del área en los que ha sido voz oficial de Canal 22, del Instituto Mexicano de la Radio, y promocional de Nissan de México, Editorial Clío, del Museo Nacional y de las revistas Bazar, Tierra Adentro e Historia de México, y especial de los gobiernos de los estados de Aguascalientes y de Colima, además de varios municipales, entre otros. En la actualidad mantiene tres producciones propias, dos en televisión y una en radio y desde hace quince años es editorialista de medios impresos y electrónicos regionales como.

 

Desde hace más de veinte años se ha destacado por su labor de investigación y difusión de la historia regional y de México, por el que entre otros, fue reconocido con la Medalla Poeta Netzahualcoyotl por la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas en 2004 y por el Gobierno del Estado con el Premio Colima al Mérito en Artes y Humanidades en 2006; ejercicio que se acredita en más de un centenar de sitios de búsqueda en internet.

 

Del 2006 hasta el 2015 fue Titular de la Dirección General de Servicios Documentarios del H. Poder Legislativo del Estado de Colima, que entre sus dependencias alberga el Archivo Histórico Legislativo, espacio desde donde fungió como Asesor Legislativo a la vez que resguardó y difundió la memoria legislativa del Estado de Colima, la única dependencia de dicho poder estatal certificada en la totalidad de sus procesos con el ISO 9000 en 2008 y a la que posicionó como la mejor de su tipo y condición a nivel nacional.

 

Es dictaminador oficial de la Universidad de Colima para publicaciones con temática histórica o social, desde el 2012. Actualmente revisa dos dictámenes relativos a personajes e historia universitaria.

 

 

 

CRÓNICA ARMERÍA, SU REPARTO

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Noé GUERRA PIMENTEL

De 1930 a 1966 la producción agrícola de México creció más rápidamente que su población, contribuyendo significativamente al desarrollo general del país. En el periodo 1930-1946, aunque la población aumentó su tasa de crecimiento a 3.2% por año, la producción agrícola experimentó índices más altos, 7.1% promedio. Como resultado, la disponibilidad interna de alimentos aumentó en un 3.8% al año y con ello el sector agropecuario contribuyó al desarrollo urbano-industrial con alimentos a bajo precio y la generación de divisas producto de sus exportaciones.

 

El reparto agrario marcó el inicio del progreso de la planicie costera de Colima, particularmente de Tecomán y Armería, sobre todo este último, donde sus ejidos se empezaron a fundar a partir del 30 de octubre de 1924, con el primero, el Armería, al que se le dotaron 456 hectáreas, mediante resolución del gobernador Gerardo Hurtado Suárez, ratificada por el presidente Obregón el 2 de abril 1925, expropiando terrenos a la hacienda Paso del río, de la Compañía Occidental Fraccionadora de Terrenos, y por resolución presidencial, el ejido Cuyutlán, el 28 de febrero de 1925, con mil 440 hectáreas. Cabe apuntar que en 1930 la población ganadera de la hacienda de Paso del río ascendía a 30 mil cabezas con pasto en terrenos del oriente del río Armería, y otras 15 mil en tierras del poniente del mismo afluente.

 

El 14 de marzo de 1931, por disposición del Gobierno del Estado, Humedades, localizada en Armería, municipio de Manzanillo, fue dotada para constituir el fundo de Armería con 598 hectáreas, en beneficio de 60 campesinos, expropiando 398 mil 78 hectáreas de la hacienda Armería y 200 de la Paso del Río. El ejido Independencia de Armería en 1929-1931 fue dotado de 498 hectáreas en beneficio de 60 campesinos. En 1939, por resolución presidencial, el ejido Zorrillos, el 16 de agosto fue dotado de mil 095 hectáreas a beneficio de 55 campesinos. El Independencia fue ampliado el 15 de noviembre con mil 680 hectáreas más para 20 campesinos. Se expropiaron terrenos de la hacienda Paso del río, propiedad de la Compañía Fraccionadora, Sociedad Civil, encabezada por Estefano Gerzi (Con la Ley de la Reforma Agraria y el reparto obligado de su latifundio, para evitar en lo posible ser despojado, el Italo-mexicano creó dicha compañía, de la que mantuvo la mayoría de acciones, figurando otros supuestos socios en la distribución de 26 fracciones en tierras bajas, las mejores, además de lograr certificados de inafectabilidad para las tierras altas, mismas que no tenían posibilidad de riego, además de conseguir constancias similares para su hato ganadero, ello entre 1940  y 1949). No obstante ese mismo día y año al ejido Periquillo o Paso del río se le dotó de mil 003 hectáreas para 27 campesinos, terrenos tomados de la misma propiedad.

 

Por orden presidencial del once de julio de 1952, el ejido el Pelillo, fue dotado de 95 hectáreas, en beneficio de 24 campesinos. Al siguiente año, el 12 de enero, fue ampliada su dotación con otras 522.8 hectáreas para doce campesinos más, el 7 de septiembre de 1960 el ejido Cofradía de Juárez recibió 19 mil 312 hectáreas, para beneficio de 2 mil 051 campesinos, previa denuncia presentada por Roberto Pizano Saucedo, con la que el Presidente Adolfo López Mateos decretó la expropiación del mencionado latifundio, con lo que el Colectivo Cofradía de Juárez nació como el Ejido más grande del Estado, asignándoseles su dotación el 6 de diciembre, no obstante tuvieron que recurrir a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la que falló a su favor para finalmente recibirla el 14 de julio de 1961.

 

En 1962, el Presidente Municipal de Coquimatlán, Lucio Gómez Guerrero, autorizó a 183 campesinos la posesión de tierras ociosas del predio de Jicotán, pertenecientes a esa jurisdicción. Posteriormente, el 21 de mayo, por mando presidencial, se legalizó la invasión de esas tierras, formándose el Ejido Rincón de López. El Ejido Zorrillos se amplió el 15 de octubre de 1969 con 590 hectáreas, para 46 campesinos, la expropiación  se hizo afectando terrenos de la hacienda de Cualata, parte de la extensa propiedad de Isaura Vidriales. El 17 de noviembre de 1975, el Ejido Anacleto Núñez, fue beneficiado con mil 420 hectáreas, a favor de 187 campesinos. Finalmente en 1976, el 27 de noviembre, el ejido el Campanario recibió mil 812 hectáreas, distribuidas entre 72 beneficiarios.

 

La expansión de la frontera agrícola, producto de la reforma agraria y de la inversión pública en obras de irrigación, se vio drásticamente frenada en estos años: el total de la superficie cosechada, que en el periodo 1946 – 1966 pasó de 6.6 a 14.9 millones de hectáreas, tuvo un crecimiento casi nulo en la siguiente década y en los años 1976-1978 tuvo u magro crecimiento, para ubicarse en 15.1 millones. A mediados de los sesentas del siglo pasado vio la conclusión del crecimiento de la agricultura mexicana. A partir de 1966 el incremento de la producción agrícola, 2% en promedio al año, fue ya inferior al crecimiento de la población; la de maíz y frijol descendió en términos absolutos.

 

Los elementos que habían contribuido al crecimiento de este sector mostraron a partir de entonces signos inequívocos de agotamiento. En consecuencia y aunque duela reconocerlo, hoy el campo armeritense, como el del Estado y del país mismo, se ve inmerso en la dinámica económica de la Globalización, para enfrentar su peor crisis, agudizada por políticas que han disminuido hasta casi desaparecer al agro mexicano y, con ello, la vocación primordial que dio origen a este pueblo surgido en “Terreno fértil con esfuerzo firme”.

CRÓNICA ALEGORIA HISTÓRICA DE ARMERIA

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Noé GUERRA PIMENTEL*

Este proyecto mural se inscribió en la celebración del trigésimo aniversario de la constitución o erección del municipio de Armería. En el que se trata de exponer la historia de la región en que se ubica el municipio más joven de la entidad, al que para su conformación se le tuvo que segregar territorio a los municipios de Coquimatlán 62 y Manzanillo 330 kmts2, en el año de 1967, según el decreto no. 119 que reformó el artículo 104 de la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Colima, por la Trigésima Octava Legislatura local, siendo Gobernador Constitucional del Estado, el Licenciado Francisco Velasco Curiel. Resulto electo para el primer periodo del H. Ayuntamiento 1968-1970, como Presidente Municipal de Armería, Rosalío González Espinoza (+).

 

Logro, el de la erección del municipio No. 10 del Estado,  merced a  la iniciativa y perseverancia de uno de los más distinguidos hijos adoptivos de Colima, como lo fue el Profesor Juan Oseguera Velázquez, quien antes de ser electo Diputado, integrante de la XXXVIII Legislatura Local, promovió con sobrados elementos, además de su sentido visionario, la reforma a la Constitución para la creación de este municipio.

 

Para la ejecución final de este trabajo pictórico, el autor dedico varias horas de investigación a marchas forzadas, consultando entre otras obras las siguientes: “Enciclopedia de México”, “Historia Gráfica de Colima” y “Efemérides de Colima y de México”, de Juan Oseguera Velásquez, “Historia de Colima”, “Geografía de Colima”, “Historia de Colima, Resumen Integral” y “Crónicas y Lecturas Colimenses” de Ricardo Guzmán Nava, además de la “Guía Turística del Estado de Colima”, a enero de 1968 y El Tomo Único de la “Enciclopedia Museos de México”, recurriendo también a la historia viva de diversas personas adultas de la cabecera municipal, quienes entran como parte activa, entre los forjadores de esta comunidad; este trabajo previo llevó, aproximadamente dos años de investigación, la que también incluyó los Archivos General del Estado y Municipal de Colima.

 

Para el proceso de armonización de conjuntos visuales (formas y colores), se realizó un proyecto a escala trabajando en los trazos y pruebas de color, durante tres meses, mismo que fue presentado en su momento al Presidente Municipal de Armería, Profesor Carlos Cruz Mendoza, quien con el auxilio del cronista de la ciudad, Miguel Chávez Michel y de otros de sus colaboradores aprobó la realización del mural, disponiéndose de un espacio de 30 metros cuadrados, en el acceso principal sobre el cubo de la escalera.

 

 

Para la materialización total del proyecto, el autor dispuso del 1° al 26 de mayo, encontrando en ese sentido cierta premura, ya que para trazar y pintar primero se tuvo que construir como soporte, un muro falso en la cara principal con estructura metálica para crear una cámara de aire de 3 pulgadas y separada del muro en madera aislada sobre yeso sellado y en las superficies laterales, incluyendo al techo, también se impermeabilizaron, aislaron, enyesaron y sellaron las tres caras de los muros, además de construir un templete provisional sobre la escalera con bases abatibles, siendo el único acceso de los usuarios a las oficinas ubicadas en la planta alta del edificio, mismas que tuvieron que edificarse en desniveles para hacer dos tendidos planos, en lo alto de tablones de un metro con ochenta centímetros por tres metros cuarenta centímetros el primero, a una distancia del techo de dos metros treinta centímetros, y el segundo nivel con una plataforma de dos metros treinta centímetros de largo por tres metros con cuarenta centímetros de ancho y a una distancia de dos metros de la superficie más alta, procediendo después, con la medición del espacio para el boceto de toda la composición.

 

Se inicio con el fondeo en aplicación de color el 11 de mayo, dedicando, en promedio de ocho a diez horas diarias, lo que no se interrumpió hasta las dieciséis horas del 26 de mayo de 1997, día de la inauguración.

 

El mural esta compuesto por diez partes: Inicia, con cuatro deidades prehispánicas que representan a las tribus autóctonas que se estacionaron en la región en diversos periódicos prehispánicos, de izquierda a derecha: nahuas, otomíes, toltecas y chichimecas, las que además simbolizan los 4 puntos cardinales, norte, este, sur, oeste y los elementos de la naturaleza en el mismo orden: agua, fuego, aire y tierra, así como las actividades principales de estos hombres como la guerra, la pesca, la siembra y la cacería.

 

Dejando en esta tierra la evidencia de su paso dos culturas preponderantes (representadas con dos huellas de pie en negro), como lo fueron la Otomí y la Nahua. La segunda parte sobre un fondo marino se refiere a lo que el océano o mar del sur, junto con el “Río Nagualapa”, “Grande” o “Armería”, brindaron a los colonizadores. La tercera, se refiere a la llegada de los mestizos e indios, que tuvieron que ser tenaces y sacrificados por lo que se encuentran (en el techo fugados hacía la inmortalidad del espacio), caracterizados como gigantes partiendo de las laterales en actitud de jalar o empujar.

 

La parte cuarta, presenta a los principales productos agrícolas como lo son el coco, simbolizando con una palmera, traída desde la Filipinas, según las últimas noticias por el Capitán español Álvaro de Mendaña casi cincuenta años después de la conquista, y el plátano cuya representación se sugiere con un vástago, estando intermedio y desde antes de los dos en el tiempo, las ancestrales salinas de la región con eras y un pozo rudimentario.

 

En la quinta sección se observa como figura prominente a un hombre, con los brazos abiertos en cruz hasta el torso, sosteniendo en su diestra una espada trunca, que simboliza la independencia de México y con la siniestra suelta una cruz, que habla de la libertad de cultos. Este personaje se aprecia con los ojos vendados, representando a los conquistadores que arribaron a estas tierras desconociendo la rica cultura de un pueblo y menospreciando a los habitantes de esta región por el único hecho de ser diferentes, a la vez, él mismo nos habla del prominente hombre de negocios español, Don Pedro Romero de Terreros, primer Conde de Regla, quien para el siglo XVIII era el hombre más rico del virreinato, quien adquirió las salinas de Cuyutlán, cuando era fundador y dueño en la capital de la Nueva España del Monte de Piedad.

 

En la parte sexta, ubicada al inferior de ese mismo muro, por el costado izquierdo, se aprecia una maquina del tren de la época, con la inscripción al frente de 1882, fecha en que se inauguró el “Tren de Vía Angosta”, que hacia recorrido con carga y pasajeros de Manzanillo a Armería y viceversa; casi hacia el centro aparece un jinete armado a caballo en aparente carrera para representar el movimiento cristero que tuvo sus manifestaciones en esta parte costera de colima, hacia el centro aparece el escudo de Armería con sus símbolos y descripción propios, en la parte izquierda del mismo, se aprecia el viejo puente del ferrocarril sobre el Río Armería con la inscripción de 1889, año en que se abrió al transito para la capital del estado. Abajo aparece en el Séptimo plano, el lema sobre un bando al aire: “TERRENO FÉRTIL CON ESFUERZO FIRME”. Al frente superpuesto al lema, la producción agrícola de la región observándose en la composición entre otros: mazorcas, jícamas, papaya, cocos, plátanos, mangos, limones, etc.

 

En la octava sección, se representa lo típico que esta perdiendo Armería al paso de los años, como sus casas con techo de palma o palapa, soportadas con paredes de bajareque y aplanados de tierra encalados, los vendedores de tuba natural, de pescado fresco, de nieve de garrafa, la de los cocos helados, la de los sopitos con Chile y la de los camotes cocidos vendidos en batea.

 

En la ultima parte de la composición, se reconocen dos puntos de referencia en Armería, “el cerro de la cruz” y “el cerrito de la capilla”, reconociéndose aquí a dos de los benefactores de Armería como lo fueron, el Prof. Ricardo Guzmán Nava impartiendo sus clases a un grupo de escolapios y en la parte opuesta y final al Prof. Juan Oseguera Velázquez, quien muestra una hoja suelta en su mano izquierda con la leyenda del decreto N° 119 que crea al municipio libre de Armería, aprobado por la trigésima octava legislatura, y en su mano derecha, otra hoja con los datos del autor y la fecha en que se realizó la inauguración de la “Alegoría  Histórica de Armería”.

 

 

 

Para la presentación, en voz y explicación del autor, concurrieron a las veinte treinta horas del 26 de mayo de 1997 ocho expresidentes del municipio, así como Carlos Cruz Mendoza Presidente en funciones, y un familiar representando al único Alcalde finado, también estuvo como invitado especial el Exgobernador Francisco Velasco Curiel, además del Secretario General de Gobierno, Ramón Pérez Díaz, representante del Gobernador del Estado,  Carlos de la Madrid Virgen, el Presidente del Supremo Tribunal de Justicia, Enrique de Jesús Ocón Heredia, Diputados Locales, el Presidente Municipal de Colima, Arturo Velasco Villa y personas representativas del municipio junto con el resto de la población.

 

*Cronista oficial del municipio.

 

CRÓNICA LA ESTANCIA DEL SEÑOR DEL RÍO

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Noé GUERRA PIMENTEL*

Un personaje poco conocido de la historia de nuestra entidad, no obstante su influencia e importancia, lo es el General Ángel Martínez, un protagonista indiscutible del Colima de finales del ochocientos, influyente y muy rico. En nuestra entidad fue dueño prácticamente de medio territorio y tan poderoso que hasta el presidente Díaz le tenía respeto. José Ángel Martínez Gómez nació en 1832 en Ayo el chico, hoy Ayotitlán, Jal. De origen campesino y muy humilde obligado por las circunstancias ingresó al Ejército como soldado raso a la edad de 15 años. Primero peleó por la causa juarista, luego luchó por la porfirista. En la milicia se caracterizó por lo temible y la barbaridad de sus acciones alcanzando fama de “sanguinario y cruel”, efectivo como militar, lo que aunado a su estrecha amistad con el yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre y Mier, rápido logró ascensos en su carrera militar la que después de 45 años de servicio cerró en 1892.

 

Éxitos y honores, dinero, temeridad y poder se fueron acumulando durante su carrera militar. Participó activamente desde el bando Liberal en “la Guerra de los Tres Años”, luego conoció el plomo francés durante la invasión a nuestro país y más adelante encabezó con “sus malditos” la Campaña del Yaqui, en el noroeste, hasta casi exterminar a los nativos, valiéndose de usos poco ortodoxos –a los hombres, atados en fila, los pasaba a cuchillo o, en montón, los quemaba vivos, después con “sus malditos” violaba y asesinaba a todas las mujeres Yaquis- “para ahorrar tiros”. El general se licenció por recomendación de Porfirio, quien como pago por sus servicios lo gratificó dándole a escoger dónde vivir con oferta de dote y puestos políticos. El General, renuente -intuyó que el presidente lo estaba sacando de la jugada-, aceptó su retiro decidiéndose a radicar acá en Colima. Martínez llegó acá en 1872 y fue bien recibido.

 

Cuando adquirió el latifundio de “Paso del Río” en 80 mil pesos oro, inició el fomento de la ganadería en la zona y la plantación de la primera palma de coco en Santa Rosa, nombrada así en honor a “la Orrantía” -Rosa Orrantía Trasviña-, una bella mestiza-yaqui, primera esposa de Martínez y madre de sus dos hijas: Adelina y Severa. “la Orrantía”, como le llamaba Martínez, lo abandonó, pues él se empeñó en recoger a su otra hija ilegítima, Ángela. Sin embargo no es sino hasta 1889 cuando se establece definitivamente en Colima trayendo consigo ya a sus tres hijas para asentarse en “Santa Inés Periquillo”, también conocida como “Paso del Río”, vasto dominio de 35 mil hectáreas que nacía en “Coalata” y desembocaba en los llanos de Tecomán formada por los predios de “San Bartolo”, “Santa Rosa”, “Martín Alonso”, “Periquillo”, “Tescaltitán”, “Cuatán” y “La Fundición”. Más tarde Porfirio, cumpliendo medianamente con su pacto lo hizo Senador, a la vez que en doble golpe ratificó en la gubernatura al compadre y consuegro de Martínez, el Coronel Santa Cruz, quién se perpetuó gracias a la mano de Díaz hasta su muerte, el 9 de mayo de 1902.

 

Al deceso de Francisco Santa Cruz incomprensiblemente la primera magistratura del Estado de Colima le fue negada al General Martínez, quien se tuvo que conformar con proponer al sucesor, suerte que recayó en el entonces Secretario de Gobierno, el joven Enrique O. De la Madrid Brizuela, cargo en el que fue confirmado para los periodos 1903-1907 y 1907-1911, del que se licenció el 17 de mayo de ese último año. “Dinero llama dinero”, Martínez logró más poder al enlazar a la tercera de sus hijas,  Ángela, con el nieto favorito del Gobernador, Francisco Santa Cruz Ramírez, heredero universal y de cuya unión hubo cinco hijos, el segundo de ellos fue: Agustín, el poeta. Ángela, cómo su mamá y su hermana, también abandonó a los suyos, se fue a México.

 

Los Santa-Cruz Martínez, junto con los Michel-Martínez, prácticamente se adueñaron de dos tercios  del territorio colimense. Con el control de Martínez en “Paso del Río”, una parte se dedicaba al cultivo y otra se arrendaba. En Periquillo fue sembrada la primera huerta de palma de coco haciéndose simultáneamente en “El Amial” (Los Amiales), propiedad de su yerno Ignacio Michel, casado con Adelina –a quien luego ella también abandonó- le dio diez nietos, siete mujeres y tres hombres, entre ellos al más destacado pintor colimense, Alfonso Michel. Adelina, a diferencia de su hermana Severa que casada con Abel Ríos no procreó, fue dueña de “El Llano” y “Humedades” en Tecomán y todo lo que hoy son Armería y Coquimatlán y parte del actual municipio de Manzanillo.

 

El tiempo no le alcanzó, el 22 de mayo de 1904 a la edad de 72 años y a causa de una hemorragia intestinal sufrida a las cuatro de la mañana, Ángel Martínez expiró con sus sueños de ser gobernador en su domicilio de la calle de la Salud No. 35 (Miguel Galindo) de la ciudad de Colima. Sus descendientes sin su carácter, sin presencia política, ni arraigo, ni visión empresarial y sitiados por la  revolución que los sorprendió en su vida de frivolidades en poco tiempo, menos de dos décadas, les hizo polvo y sal la inmensa fortuna que por varios lustros fue impunemente amasada por José Ángel Martínez Gómez: el Señor del río.

 

*Cronista oficial del municipio de Armería.

 

 

CRÓNICA COLIMA, SU FUNDACIÓN

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Exploraciones cortesianas a occidente desde 1519

Dominio de Colima en 1524

“…Y le envié  a mandar, que buscase un asiento que fuese bueno, y en él fundase una villa, y que le pusiese por nombre Coliman, como la dicha provincia […] Y entre la relación que de aquellas provincias hizo, trajo nueva de un muy buen puerto, […] y asimismo me trajo relación de la provincia de Ciguatan, que se afirman haber una isla toda poblada de mujeres, […] Dícenme, que es muy rica de perlas y oro, yo trabajaré en teniendo aparejo de saber verdad, y hacer de ello relación a Vuestra Majestad”.

CORTÉS Hernán, -IV Carta de Relación-. 15 de julio de 1524. Historia de Méjico. (s.e. Nueva York 1828) pp. 531–535.

 

Noé GUERRA PIMENTEL*

Lo que quizá haga falta precisar es la probabilidad de que Colima como tal no existía, es decir no había un pueblo con ese nombre, ni asentamiento establecido, lugar habitado reconocido o “provincia” definida así, sino que Cortés lo que citó fue la enunciación de una referencia geográfica descrita en el pictograma ideográfico Náhuatl: Collyman o Coliman=Colima: “donde hace recodo el agua” o “donde tuerce el río”, aludiendo al actual río Armería que por su extensión y cauce ha sido y es el más importante de la región, según interpretación a la Matrícula de Tributos -1522-1523-. (HISTORIA DE UN EQUÍVOCO, el significado de Colima) hecha por Terríquez Sámano, Ernesto. CONACULTA. Gob. Del Edo-Sría. De Cultura. 2015.

 

Con esta dilucidada enmienda, prosigamos. “Dominada la resistencia de los colimenses, Sandoval, acatando las órdenes de Cortés fundó la Villa de Coliman, el 25 de julio de 1523 en la rivera del río Grande, hoy de Armería, como a dos lenguas de distancia de la mar del Sur, calculando probablemente la eventualidad de poder ser habilitado como puerto fluvial con fácil salida al Océano. Poblóse esta villa, según lo referido por Hernán Cortés con 145 invasores europeos, de los cuales 25 eran de a caballo y el resto peones. Los miembros del Cabildo presidido por el cap. (Francisco) Cortés de San Buenaventura, cansados de la insalubridad del lugar, el intenso calor (…), las  plagas de mosquitos, sabandijas y alimañas, después de oír opiniones y tomar el parecer de todos (…) sobre el mejor sitio a escoger para hacer el traslado de la villa, se votó mayoritariamente por la comarca de Tuspa, donde existía un extenso y verde valle regado por aguas cristalinas de un río que bajaba de las faldas de los volcanes desde donde se extendía hermosa explanada hacia el sur por leguas de tierra vírgenes, fértiles y muy a propósito para cría de ganados mayores y menores. Lo que ocurrió el 20 de enero de 1527”. Del Río, Felipe Sevilla. Breve estudio sobre la Conquista y la Fundación de Coliman. PC. 1973.

 

Fue el colimense Carlos Pizano, quien suscribió las conclusiones de la primera (y única en Colima) Mesa Redonda de Historia Regional promovida por el gobernador Pablo Silva García y el Ayuntamiento de Colima, en aquel tiempo, el 24 de Julio de 1973, encabezado por Arturo Noriega Pizano, evento cuyo principal  propósito era el de encontrar y aportar elementos fehacientes sobre este hecho acaecido en las inmediaciones del actual mesón de Caxitlan en términos de Tecoman (así, sin acento); y de la subsecuente Villa de San Sebastián de la Provincia de Colima, según, el 20 de enero de 1527, sede actual de la ciudad capital del Estado del mismo nombre.

 

Evento del que como antecedentes hay, según lo funda Rogelio Pizano, sobrino de Carlos Pizano, que en 1954 bajo los auspicios del Centro Social y Cultural Colimense de Guadalajara, A.C., fue celebrado el aniversario de la probable fecha de la fundación de Colima, apadrinado por José Corona Núñez, María Ahumada y Luis Páez Brotchie; aquel, además del posterior, el de 1957, realizado en Palacio Nacional, Salón de los Estados, donde se llevó la IV Mesa Redonda de la XI Sesión del Congreso Mexicano de Historia, A.C., y la de 1971, de Historia Regional, organizado en la Universidad de Colima, también para precisar la discutida y por entonces aún indefinida fecha fundacional.

 

Todo hasta que el 24 de julio de 1973, se demostró lo que ya habían aseverado y fundado con mayores argumentos gente como Jesús Amaya Topete y Páez Brotchie, coincidiendo con Felipe Sevilla del Río y el propio Pizano y Saucedo, relativa a la del 25 de julio de 1523 como la fecha más probable, tesis contrapuesta a lo que se había difundido por Antonio Tello, Miguel Galindo, Ignacio G. Vizcarra, Francisco G. Carranza y Aniceto Castellanos, entre otros.

 

No obstante es menester conmemorar la fundación de Colima, ello, si pretendemos que las nuevas generaciones nativas y quienes se han avecindado acá asuman los verdaderos motivos de identidad que nos caracterizan y forjen su arraigo motivados por la rica historia que ha hecho de esta región lo que ahora es y que unos y otros compartimos, fundada como fue en la cimiente de dos razas, dos culturas y un destino hecho común para dar origen a una estirpe nueva, la mestiza, que es la nuestra.

 

*Cronista oficial del Municipio de Armería.

 

Armería, el origen

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Surgido en las faldas de la sierra madre occidental a la vera del ancestral Río Nahualapa o Río Grande, hoy Río Armería; entre las salinas y laguna de Cuyutlán y el Océano Pacífico o la mar del sur; Armería constituye el municipio No. 10 y el más joven del estado, tal y como lo describe el Decreto aprobado por la XLI (Cuadragésima Primera) Legislatura local el 26 de mayo de 1967 y publicado el 3 de junio del mismo año.

 

La región pródiga en su tierra desde tiempos inmemoriales fue ruta de tránsito y eventual asentamiento de diversos grupos nómadas previos a la llegad de los europeos, tal y como lo podemos constatar en los vestigios arqueológicos que dispersos se pueden encontrar desde Periquillo y Cofradía de Juárez hasta gran parte de lo que ahora es la cabecera municipal de Armería. El llamado “complejo Periquillo”, desarrollado sobre el 500 de nuestra Era, es muestra de la huella de dichos grupos como los Otomíes, Tarascos y Nahuas o Mexicas, que indistintamente habitaron zonas de esta región hídrica del occidente.

 

Fue por 1523, dos años después de la toma de Tenochtitlan cuando los hombres blancos, enviados por Hernán Cortés Pizarro y motivados por el explorador Gonzalo de umbría, montados a caballo, cubiertos con armaduras y armados, al mando del Capitán Gonzalo de Sandoval, irrumpieron después de varias intentonas y fracasos de otros como Juan Rodríguez de Villafuerte en 1522, por esta región rumbo a la Mar del Sur, para a sangre y fuego someter a miles de nativos que provenientes de rumbos distantes en temporada de zafra salinera se acercaban por esta zona.

 

La historia local se empezó a rescribir con la fundación de la Villa de Colima como la octava de la Nueva España probablemente el 25 de julio de ese año, quedando atrás la tragedia y el olor de la conquista en este reducto. Un año más tarde Francisco Cortés de San Buenaventura fue nombrado Alcalde Mayor de la Villa de Colima, para dominar todo el entonces vasto dominio que comprendía el área que viene de la mitad sur del actual Estado Sinaloa hasta el centro del de Jalisco, parte del de Michoacán y el norte del Estado de Guerrero.

 

Desde centurias atrás el principal motor económico regional fueron las salinas, entre las que contamos las desaparecidas a finales del ochocientos, como las del Real de San Pantaleón, las de San Bartolo, las de Los Pascuales, las del Tecuanillo y las de Cuyutlán. El producto salinero no solo era usado como especia, si no durante el Virreinato como limpiador de metales preciosos como la plata de las minas de Zacatecas, Guanajuato, Querétaro, Durango y San Luis Potosí, de la entonces Nueva España.

 

Este periodo de casi trescientos años fue de asentamiento, aislamiento y calma patrocinado por los nuevos descubrimientos, los desastres naturales, el cultivo de la palma de coco, las importadas y fatales epidemias y la trascendente visita del oidor de la Nueva España Don Lorenzo Lebrón de Quiñones.
En documentos fechados en 1780, se encuentra que esta tierra fue propiedad de Pedro Romero de Terreros, “El Primer Conde de Regla”. No obstante que el Conde de Regla también dueño de la mitad del territorio de la Nueva España falleció en 1781, quien se entendió desde antes y durante mucho tiempo después de su propiedad fue el Capitán Francisco Guerrero del Espinal. En 1807 tomó posesión Ma. Dolores Romero de Terreros, “Marquesa de Herrera”, quien heredó las Haciendas de Cuyutlán, Armería, Coalata, Los Limones y Montitlán.

 

El ambiente era insalubre, los olores de la laguna dominaban el ambiente y los mosquitos con las miasmas salitrosas eran el azote de los lugareños y de los viajeros que, obligados, tenían que cruzar entrando por la costa después de atravesar las lagunas y brazos de mar y esteros en balsas y canoas a remo para continuar desde Cuyutlancillo en carretela, a caballo o propio píe por zonas pantanosas, sin contar con el obstáculo del vaso lacustre de Cuyutlán, por aquel entonces infestado de caimanes, además del caudaloso río que en tiempo de lluvias obligaba a los viajeros a quedarse por días en espera de la baja.

 

Los aires de la insurgencia poco impactaron la costa, salvo algunas persecuciones y escaramuzas que alejaron a los pocos insurrectos perseguidos por los curas José María Gerónimo Arzac y Basilio Monroy sobre 1811, hasta que el 10 de septiembre de 1824 Colima fue declarada ciudad y capital del Territorio Federal, puesto que al año siguiente Manzanillo fue abierto como Puerto al comercio extranjero y de cabotaje, obligando con ello el paso de muchos viajeros que al quedarse motivaron el desarrollo de lo que hoy es Colima. El primer maremoto del que se tiene noticia en las costas de Colima ocurrió en 1816. Las muertes por paludismo, fiebre amarilla, viruela, sarampión, lepra, jiricua y cólera entre otras eran frecuentes en la región.

 

En 1857 Colima fue declarado Estado libre y Soberano, cuyo territorio se reorganizaba bajo el permanente asedio de Jalisco. Benito Juárez siendo presidente de la república, pernoctó en Cuyutlán el 8 de abril de 1858, en su obligado peregrinar de paso al Puerto de Manzanillo, de donde zarpó el día once del mismo mes y año.

 

En 1873, ya siendo municipio Manzanillo, el ferrocarril o tren de vía angosta llegó a la Armería en 1882, después de muchas interrupciones por las dificultades de los suelos, el clima y los peligros de la naturaleza, trayendo con él progreso y desarrollo.

 

Las primeras casas eran de zacate o palma y se distribuían en torno a la estación del ferrocarril y el casco de la Hacienda, a la par de otras cinco rancherías que componían una población de más de cincuenta personas, número que creció en nueve años triplicándose con el maremoto de 1923 que impactó a Cuyutlán, a la par de la dotación de tierras de 1931, y el último maremoto, el del 22 de junio de 1932, que pegó y otra vez barrió al pueblo y balneario de Cuyutlán.

 

Fue en 1935 cuando Armería adquirió la categoría de pueblo perteneciente al municipio de Manzanillo, por el Decreto No. 44 del 29 de abril, con una población estimada de mil 500 personas, comprendiendo las comisarías de Cuatán, Cualata, Independencia y Periquillo. Por tradición oral, refieren nuestros abuelos dichos herencia de los suyos, como el de que el primer puente sobre el río Nahualapa, fue construido  en piedra arqueada en mampostería alrededor de 1940, aunque poco fue lo que duró ya que una avenida dejó como muestra las ruinas casi cubiertas de piedra y arena que aún se aprecian en el lecho del río junto a las del segundo puente levantado con la misma técnica seis años más tarde.

 

Poco más de tres décadas más tarde el pueblo de Armería se erigió en cabecera del Municipio del mismo nombre por Decreto No. 119 de la XLI (Cuadragésima Primera) legislatura del Estado, segregando territorio a los municipios de Manzanillo y Coquimatlán, según acuerdo de los diputados locales: Abel López Llerenas, Jorge Velasco Márquez, Ramón Serrano García, Othón Bustos, Roberto González Fuentes, Enrique Bayardo López y Herminio Málaga Rojas.

 

Luego de que el 19 de mayo de 1967 se dieran a conocer los estudios sociales, económicos y geográficos relativos a la iniciativa que habían presentado los diputados Bustos Solórzano, Velasco Márquez y González Fuentes, sobre la creación del municipio de Armería. Mismos que después de analizados posibilitaron que la iniciativa fuera aprobada en principio, para ser promulgada en sesión solemne a celebrarse el 26 de mayo de 1967, para lo cual previamente se declaró Recinto Oficial del Honorable Congreso a la Escuela Presidente Adolfo López Mateos del aun pueblo de Armería.

 

Fue a las 12:30 del día señalado, cuando dio inicio la sesión solemne a la que asistió el gobernador Francisco Velasco Curiel y el Presidente del Supremo Tribunal de Justicia, Julio Santana, y en la que se promulgó el Decreto No. 119. Proclama que provocó un nutrido aplauso del público asistente y el ruido producido por un centenar de vehículos, tractores y de las campanas de la iglesia en señal de júbilo por este hecho histórico para el Estado y para el naciente municipio hace hoy 49 años.

 

Con la aprobación el 31 de agosto, a partir del 1º de octubre de 1988 mediante el decreto No. 167 emitido por la XLVIII (Cuadragésima Octava) legislatura estatal la cabecera municipal cambió su categoría a Ciudad de Armería. La Ley Orgánica Municipal de Armería fue aprobada por el Congreso Estatal el 17 de noviembre de 1979 y reformada con el Decreto No. 58 del 14 de enero de 1995.

 

Finalmente es necesario precisar que el municipio de Armería, nuestra municipalidad, tiene una extensión territorial de 341.6 kilómetros cuadrados, que representan el 6.3% de la superficie total del estado. En su porción sur colinda con el Océano Pacifico a lo largo de 15.3 kilómetros de costa.

 

 

ARMERÍA, APUNTES A SU SIGNIFICADO

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Noé GUERRA PIMENTEL*

Por lo que se refiere a la toponimia, origen o significado del nombre de “Armería”, con atención y respeto para quienes ya han escrito respecto a dicho motivo, percibo, que aún no hemos podido encontrar una definición concluyente y que, en esa medida se encuentra pendiente de ser clarificado el más exacto origen del nombre del pueblo, ciudad y del municipio más joven del Estado de Colima. Sobre el punto hay varias hipótesis, aludiré solamente las más socorridas y a las más esclarecedoras.

 

Lugar donde se “armaban barcos” o “balsas”. Al respecto, Juan Carlos Reyes en “La Antigua Provincia de Colima, Siglos XVI al XVIII”, sobre los caminos de importancia en el virreinato, retoma a Miguel José Pérez Ponce de León y Juan Joseph Morales, quienes alrededor de 1778 refirieron que: ”uno de los caminos de Colima salía por el poniente de la villa, atravesando las tierras del Rancho -de José- de Villa, Coquimatlán, Jala, Zapotlanejo -Madrid- y finalmente Caxitlán. De ahí seguía río abajo hasta llegar al Paso de Periquillos, donde se cruzaba el Armería –en canoas hechas de tronco de parota- para alcanzar las haciendas Armería y Cuyutlán y continuar hasta Santiago y Salagua…”, si nos apegamos al significado de las palabras, al lugar donde construyen (arman) o reparan barcos se les llama “astilleros”, por lo que en vez de “Armería”, debería llamarse “Astillería”. O, si como también se afirma, se “armaban balsas”, debería llamarse “balsería”, pero no “Armería”.

 

Sobre que “… en tiempos del virreinato, existió una Partida de guardias de la corona que daban garantías a las conductas, arrieros y viajeros que transitaban por el Camino Real…”. Según Reyes Garza, está demostrado que la “…Nueva España nunca contó con un ejército regular… Hubo sin embargo, diferentes tipos de milicias, por lo general poco numerosas y no permanentes, salvo excepciones, como la muy tardía Compañía de Lanceros de Veracruz, creada en el siglo XVIII. Esta aparente paradoja –en una tierra de guerras y guerreros- se explica, primero, como práctica heredada de los ejércitos de la conquista, que no estuvieron nunca formados por soldados profesionales, sino por aventureros dispuestos a arriesgar sus bienes a cambio de botín. Pero sobre todo, el que no se tratara de crear, y de hecho se evitara la formación de un ejército regular en la Nueva España se debió al temor de la Corona de que se convirtiera en el núcleo de la rebelión. Fue hasta la época de los Borbones, en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se realizaron los primeros intentos serios en el sentido de dar forma a un ejército regular”. Sobre el tema de milicias y guardias Virreinales, siguiendo la investigación de Juan Carlos Reyes, en Colima “…debido a la constante amenaza que representaban los piratas…” hasta el “…Siglo XVIII se organizaron compañías de “pardos” –mulatos-, bajo el mando de españoles…” hasta llegar a “…seis compañías de milicias: una de mestizos en el pueblo de San Francisco de Almoloyan, cuatro de pardos en Colima y una en la congregación de Tecalitlán…”. Como se observa, no hay mención a milicias en la Armería.

Al respecto otras versiones. El Pbro. Salvador Murguía en la Parroquia de Tecomán dice: “…algunas personas afirman que se denomina Armería porque había una familia con ese nombre.  Sobre esa línea Miguel Chávez Michel, en 2004 afirmaba que desde 1989 tenía comunicación con Alfonso Armería Mondragón, jubilado ferrocarrilero radicado en Aguascalientes, con quien dijo estaba esclareciendo el origen del apellido “Armería” mediante estudio genealógico para encontrar si sus ancestros tuvieron relación con esta región.

 

En ese sentido el Pbro. Roberto Urzúa Orozco, según apoyado en registros de libros de la Parroquia de Santo Santiago de Tecomán, escribió que en “…1787 se registraron 5 entierros del Rancho de Almería…” por lo que sostenía que Armería proviene por corrupción de Almería. Sobre el tema abunda: “…Armería, corrupción de Almería, ciudad capital de su homónima provincia española y verdadero origen del nombre del pueblo, que se había trasladado del margen del río a una legua más al sur desde el año de 1875 no llegó a tener una población autóctona ni constante, sino hasta principios de este siglo en que se estableció donde hoy se encuentra; pero se vino a consolidar cómo pueblo en el año de 1932 cuando por los maremotos del mes de junio los numerosos habitantes de esa región costera se concentraron en dicho lugar…”.

 

Por lo expuesto, y como dice mi colega de Armería Miguel Chávez Michel, sin descartar lo publicado por Salvador Murguía y Roberto Urzúa Orozco, quienes desde el punto de vista documental cuentan con mayor sustento, se puede concluir que: hasta que no se demuestre lo contrario, el núcleo de población denominado Armería tomó su nombre de la hacienda que le dio su origen y la Hacienda se llamó “Armería”, habrá qué abundar en la razón por la que a la misma se le llamó así.

 

*Cronista oficial del Municipio de Armería.

 

CRÓNICA ANTONIO BARBOSA HELDT, MEMORIA

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Noé Guerra Pimentel*

“El 19 de septiembre asistimos a la ceremonia luctuosa

que se verificó en el salón de sesiones del H. Congreso del Estado

que se ubicaba en la planta baja de Palacio de Gobierno.

Las exequias fueron encabezadas por el Gobernador Pablo Silva García

y el Secretario de Educación Víctor Bravo Ahuja

con la representación del Presidente –Luis- Echeverría.”

Miguel Chávez Michel. Presidente del CDM del PRI. 1973.

 

Por las pocas fotos que hay de él, todas en blanco y negro, se aprecia que era un hombre alto, delgado, pálido, con grandes ojeras, de pelo escaso, aspecto osco y avejentado para los sesenta y cinco años de edad en los que falleció. Lo apunto porque pocos datos públicos hay de este personaje. De Antonio Barbosa Heldt, no hay, por ejemplo, la certeza de su lugar de nacimiento, lo que sí se sabe, según se apunta en su ficha biográfica, es que como hijo de Antonio Barbosa y de Soledad Heldt, nació el 13 de julio de 1908 y que falleció el 18 de septiembre de 1973 en su casa particular ubicada entre Francisco I. Madero esquina calzada Pedro A. Galván de la ciudad de Colima, Col., y de quien sabemos ya que sí tuvo por lo menos tres hermanos, unos de ellos, Miguel, colaborador de La Opinión y de El Correo de Manzanillo, donde radicaba y fungía como director del Registro Civil, además de Enriqueta y Humberto, quien se distinguió como catedrático de la UNAM, alto funcionario de Hacienda y Tesorero General en nuestra Entidad. También debo reconocer que tienen cierto parentesco, por lo Barbosa, con las familias de arraigo en el medio magisterial y político colimense que conocemos, no obstante, de su descendencia se sabe que hubo hijos y que Antonio fue el mayor, pero nada más.

 

De su niñez tampoco hay algo definitivo, ni del domicilio dónde nació o dónde haya tenido su primera infancia, pero encontramos que ya joven realizó sus estudios magisteriales en la Escuela Normal de Colima, de la que según egresó en 1925, para más tarde, radicado en la ciudad de México, ingresar a la Escuela Normal Superior, donde se especializó en educación habiéndose desempeñado como profesor en varios partes del país, principalmente del norte en sus inicios y donde más carencia de docentes había, como Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, para luego trasladarse a zonas marginadas de Veracruz y Oaxaca, para ser reconocido desde la época obregonista hasta la cardenista y posteriores con las directrices de Vasconcelos y Mújica, como uno de los grandes impulsores de la educación rural y socialista en México.

 

Barbosa Heldt, fue profesor y a la postre político, aunque en este ámbito con una corta carrera más bien burocrática dentro del magisterio, desde donde resultó primero candidato y luego electo Gobernador del Estado de Colima en 1973, sin embargo a escasos 43 días de asumir el cargo, a las 21:30 horas del martes 18 de septiembre de ese mismo año se suicidó, según la versión oficial de su deceso, lo que se ratifica en tres cartas póstumas, una para sus ayudantes: Alfredo Hernández Magallón, secretario privado y Samuel Rodríguez, médico de cabecera; otra para Antonio Barbosa, su hijo mayor; y, una más, la dirigida al entonces Secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, misma que difundida por varios medios locales y nacionales impresos permitió leer dicha versión.

 

Cabe señalar que luego del triste acontecimiento surgieron rumores que pusieron en entredicho el hecho, como el que según siendo zurdo natural el malogrado gobernador electo, este se hubiera disparado en la sien derecha como ocurrió; ambiente pesado que se enturbió más con otro suceso, como lo fue el de los sorpresivos decesos de Alfredo y de Samuel, colaboradores cercanos y de la confianza del extinto personaje, quienes presuntamente, a la semana el primero, y el segundo dos semanas después, ambos en la ciudad de México y a causa de “sendos síncopes cardiacos”, de los que, según Aguayo Figueroa, Ismael. – Anecdotario Político Colimense . 1976/2007. Pp. 172.- ya se tenían antecedentes. Sin embargo de esa incredulidad y en mucho el humor negro característico de nuestro pueblo, surgió el dicho del “¡Tú, sigues!” del vendedor de carnitas aquel que lo popularizara en las oficinas de Gobierno, y que, a la fecha, aún usan sus sucesores en el mismo pequeño negocio familiar.

 

Un año después, ciclo escolar 1974-1975, la escuela secundaria federal de Armería oficialmente abrió sus puertas adoptando el nombre de Antonio Barbosa Heldt, como honra póstuma a este destacado profesor que al quitarse la vida se privó la posibilidad de servir a Colima.

 

*Cronista oficial del municipio de Armería.


CRÓNICA: DONDE LE SACARON LA MUELA AL GALLO

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GALLO

 

Noé GUERRA PIMENTEL*

En Armería casi en el centro de la ciudad a dos cuadras al sur de la carretera nacional en la esquina suroeste que hacen las calles Miguel Galindo y Tabasco, en una finca ahora abandonada y donde antes se recuerda el abarrote de una pareja de ancianos cuyos nombres eran Calixto y María Dolores “Lolita”, ahí había al exterior, todavía en enero del 2003, clavada sobre la puerta verde una lamina medio oxidada, empolvada por el tiempo y pintada por un autor anónimo una representación tipo retablo que representa a un personaje con bata blanca portando unas pinzas en el acto de sacarle una muela a un gallo que se ve con las alas abiertas, misma representación que luego del terremoto de aquel año fue repuesta, pero ya sobre el muro ¡Quién sabe a dónde iría a parar la lámina original!

 

Sin poder afirmar qué fue primero si la placa o la anécdota existe una leyenda que situada en los tiempos del virreinato cuando Armería no era lo que hoy conocemos, sino otro muchas veces provisional asentamiento aborigen y con otra denominación, ubicado en las inmediaciones del entonces río Nagualapa, hoy Armería, que fue cuando se apostó por ahí una partida de guardias que se dedicaban a escoltar conductas viajeras y bienes en tránsito, provenientes de la costa rumbo al centro del entonces vasto territorio de la Nueva España. Entre los destacamentados se dice que sobresalía un militar criollo de quien no sabemos el nombre, caracterizado por su vida licenciosa haciendo comunes sus excesos en este ambiente semisalvaje y peligroso de la costa, era el típico buscapleitos que con cualquier pretexto y a la menor provocación retaba al que fuera, motivo suficiente era que la moza de otro le gustara o que el caballo ajeno le agradara para soltarse retador y emplazar al ofendido en duelo a muerte.

 

Era un verdadero azote, era un individuo tan pendenciero que muchos le daban retirada abandonándole la banqueta, el camino y hasta la calle, incluidos sus compañeros, pues tenía ganada fama de sádico y cruel asesino, ya que a sus víctimas una vez aniquiladas las desollaba aún vivas haciendo escarnio de ellas echando bravatas a los testigos a la vez que escupía y con los pies echaba tierra a quienes habían sido por él aniquilados. Por esa y otras razones la gente le temía ganándose el apodo de “el Gallo”.

 

El Gallo aparte de sus temibles destrezas cuerpo a cuerpo, con la espada, la pistola y el mosquetón era mejor, se asevera, en la lucha cuerpo a cuerpo, de la que ningún oponente salía vivo, ya que extrañamente resultaban con graves heridas, cortadas profundas en zonas vitales del cuerpo como el cuello, el abdomen y la espalda, mientras que el retador salía ileso, cuando mucho revolcado, descalabrado o con moretones por los golpes recibidos bajo las sombras de los rincones nocturnos en los que usualmente se llevaban las refriegas, sin que nadie pudiera descifrar qué era lo que ocasionaba las fatales lesiones, cuando en realidad se trataba de una pequeña daga curva de origen Árabe que en el momento oportuno él sacaba, para en mortales abrazos herir a sus infaustos contendientes que sorprendidos, desangrándose y escarnecidas no llegaban al amanecer.

 

El secreto del Gallo no se descubrió por mucho tiempo, el suficiente para que su fama de maldito y asesino como eco se fuera más allá de las montañas y las barrancas, incluso ultramar. Pasaron los días y los meses, la fama del Gallo de la costa seguía creciendo más allá de la región hasta que un día, un joven, mulato, recién avecindado y arrejuntado con una guapa mestiza, ambos provenientes ambos de la costa brava del sur, de donde se había venido huyendo por haber dado muerte a un cuñado junto con otro pretendiente de su amada en mala hora se topó con él, en un fandango, como se llamaban las fiestas pueblerinas de entonces y donde, como era de esperarse, por defender a su curvilínea joven manceba del acoso del Gallo, el mulato y éste se hicieron de palabras hasta llegar a las manos y de ahí, entre la gente que se removía expectante, bajo las sombras inestables de las antorchas y las fogatas de la calle, rodar trenzados en mortal abrazo bajo los gritos hilarantes de la chusma que enardecida ya apostaban sus taclos prefiriendo al invicto Gallo .

 

El desenlace del combate sorprendió a todos cuando después de unos minutos del fiero combate cuerpo a cuerpo, al prodigio de una repentina voltereta el temido Gallo había quedado ahí tirado en medio de todos resollando sangre, agonizando, incrédulo, la suerte le había cambiado. Mientras su vencedor, ileso y ya de píe, limpiándose la sangre del otro, solo lo observaba a la vez que veía la ensangrentada daga del Gallo, ¡Sí! en la revolcada asombrosamente y en un golpe de suerte, al sentirla accidentalmente y en un mal movimiento se la había quitado y con ella, en el fiero mano a mano, había dado cuenta del Gallo dejándolo fatalmente herido. El Gallo , vencido en buena lid, moribundo ante el estupor de todos, sólo acertó a medio levantar la cabeza para exclamar escupiendo la sangre que lo ahogaba: ¡Mi muela , mi muela , dame mi muela , maldito Negro! Así fue como en ese lugar, donde estaba esa lámina y donde hoy hay esa pinta ahí en Armería fue, según la leyenda, Donde le sacaron la muela al Gallo .

 

*Cronista Oficial del Municipio de Armería.